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Deshielo del Ártico, una amenaza

El hielo marino en el Ártico alcanzó su nivel mínimo en el año. La extensión de la capa de hielo se redujo a 3.41 millones de kilómetros cuadrados -un 50% menos que el promedio desde hace tres décadas.

Las imágenes del satélite muestran que la banquisa se redujo hasta los 3,4 millones de kilómetros cuadrados el 16 de septiembre, lo que parece ser el registro más bajo en lo que va de año, según el Centro Nacional de la Nieve y el Hielo de Estados Unidos (NSIDC, por sus siglas en inglés).

"Entre 1979 y 2012 hemos tenido un declive de 13% por década en la banquisa del Ártico, una aceleración con respecto al 6% registrado entre 1979 y 2000. Si este tendencia continúa, no habrá banquisa hacia fines de este década", dijo WieslawMaloswski, de la escuela de posgrado de la Marina estadounidense, al referirse a estos datos.

Malowski recordó durante la conferencia de Greenpeace que en 1979 la superficie de la banquisa era de unos 8 millones de km2, con una media de 6,8 millones en los años siguientes, lo que muestra una caída de un 50%. Si estas cifras son peores que las estimaciones, no constituyen una sorpresa para la comunidad científica, indicó otro experto presente en ese encuentro, James Hansen.


Greenpeace

"Estamos ante una emergencia planetaria", señaló Hansen, recordando que el deshielo del Ártico está agravando las consecuencias del calentamiento climático que registra la Tierra a raíz de los gases de efecto invernadero producidos por la acción del hombre.

El deshielo del Ártico tiene consecuencias "enormes" para el planeta:

"Las implicaciones son enormes y también misteriosas", coincidió Bill McKibben, cofundador de la ONG 350.org, en referencia a estos escenarios, como el último de ellos que podría agravar el calentamiento de la Tierra. Para Peter Schlosser, experto del Earth Institute de la Universidad de Columbia, el impacto en el Ártico es difícil de establecer ya que esa región "posiblemente va a responder de manera más rápida y severa que otras partes del planeta" al cambio climático.

"Los efectos del cambio climático inducido por el ser humano son cada vez más visibles y se esperan impactos más grandes en el futuro", aseguró Schlosser.

Pero el deshielo del Ártico es visto por muchos como una gran oportunidad para explotar recursos naturales y utilizar nuevas rutas marítimas abiertas por la ausencia de placas de hielo durante el verano que acortarán las distancias entre puertos de América del Norte, Europa y Asia.

Según las autoridades estadounidenses, en el Ártico hay reservas petroleras por 90.000 millones de barriles, además de gas y minerales, lo que ya ha movido a grandes grupos energéticos como la británico-holandesa Shell a efectuar fuertes inversiones en la región.

Para Kimi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace International, este interés del sector petrolero y su enorme influencia sobre los gobiernos es una de las razones de la falta de acciones concretas para frenar el deshielo del Ártico.

"¿Por qué nuestros gobiernos no adoptan acciones? Porque han sido capturados por los mismos intereses de la industria energética", afirmó.

"Tengo una sensación de 'deja vu'. Lo mismo pasó con el sida", agregó, en referencia a la lentitud para reaccionar ante esa epidemia y los millones de muertes que dejó antes de ser enfrentada correctamente por los gobiernos.

En cuanto a las rutas marítimas, son una "tentación" aunque los peligros y costos son muy importantes, advirtió de su lado Anne Siders, investigadora de la Universidad de Columbia.

Entre esos problemas, Siders enumeró los témpanos de hielo a la deriva, la escasa infraestructura en caso de accidente, los costos de diseño de los barcos y los seguros especiales. Siders también se refirió a las posibilidades que se abren para la industria pesquera y la amenaza que representa: "La pesca se moverá hacia el norte, lo que significa que más peces serán sacados de su ecosistema", dijo.

En ese sentido, CarolineCannon, líder de la comunidad Inupiat de Alaska (noroeste de EEUU) y que tiene 9 hijos y 25 nietos, recordó que su pueblo "depende" de la pesca y caza en el Océano Ártico y sus costas para subsistir.

"Estamos viendo cambios terribles. Da miedo pensar en nuestro aprovisionamiento de comida", señaló, en referencia al futuro del ecosistema en la región.

 

 

Fuentes BBC Mundo, El Tiempo.com, y RTVE.es

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