Los océanos contienen el 97% de todo el agua del planeta, lo que equivale aproximadamente a 1.300 millones de km3. También tienen una vinculación esencial con la supervivencia humana: son el hábitat más grande del planeta, producen la mitad del oxígeno que respiramos, regulan el clima y la temperatura de la Tierra, nos proveen alimentos y agua y son el hogar de miles de especies. Desde 1950 los océanos han absorbido más del 93% del calor producido por las actividades humanas, por lo tanto nos han protegido de los efectos del cambio climático. Sin embargo, existe una enorme preocupación sobre el riesgo de que gran parte de esas emisiones de CO2 almacenadas en los océanos, regrese a la atmósfera. El aumento de la temperatura, el calentamiento y la subida de nivel de las aguas, el incremento de la acidificación, y el derretimiento del hielo marino del Ártico son algunas de las manifestaciones del cambio climático en los océanos. El incremento de la temperatura de los océanos podría provocar la migración en masa de algunas especies y como consecuencia la disminución de estas, lo que produciría impacto en la seguridad alimentaria de millones de personas. El calentamiento y la acidificación de las aguas se está produciendo de forma acelerada en el Ártico, con gravísimas consecuencias para el clima y la biodiversidad del planeta. La acidificación de los océanos ha afectado también a los arrecifes de coral así como a las especies marinas que dependen de ellos. Para mitigar el impacto del cambio climático en los océanos, es necesario reducir las emisiones de dióxido de carbono para mantener el calentamiento del planeta por debajo de los 1,5ºC. Igualmente, se debe reforzar la protección de la biodiversidad y los ecosistemas marinos, especialmente los que están más amenazados. También es necesario prevenir y reducir la contaminación marina, principalmente la generada por el plástico. Fuente: UN.org
¿Sabías que el carbono azul ayudaría a combatir el cambio climático?
El “carbono azul” es el CO2 capturado por los océanos que se almacena naturalmente durante miles de años en los ecosistemas costeros como manglares, praderas marinas y marismas. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo consideran esencial para combatir el cambio climático. De acuerdo a un informe de Naciones Unidas del total de CO2 capturado cada año por la actividad fotosintética, el 55% corresponde a los organismos marinos. La biomasa de los océanos es solo el 0,05% de la total del planeta, pero secuestran el CO2 cien veces más rápido y durante más tiempo que los bosques terrestres. Cerca del 60% del carbono acumulado de los bosques del mundo está en las zonas entre el ambiente terrestre y el marino. Los manglares son considerados uno de los depósitos más importantes de carbono azul, y son vitales para la salud del planeta porque funcionan como una especie de cisterna que retiene las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Colombia es el cuarto país del continente americano con la mayor extensión de manglares (300.000 hectáreas) y el décimo segundo en el mundo en relación con la cantidad de carbono por unidad de área. A pesar de los beneficios y servicios que ofrecen, los ecosistemas costeros de carbono azul están entre los más amenazados y se estima que se destruyen entre 340.000 y 980.000 hectáreas de estos cada año. La Iniciativa Carbono Azul es el primer programa centrado en mitigar el cambio climático mediante la conservación y la restauración global de los ecosistemas marinos y costeros. Liderada por la UICN, Conservación Internacional (CI) y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO, cuenta con la colaboración de diversos gobiernos, instituciones de investigación, organizaciones intergubernamentales y otros organismos internacionales. Fuente: Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)
Planeta en alerta roja
“Las señales de alarma son ensordecedoras y las pruebas irrefutables: los gases de efecto invernadero están asfixiando el planeta y arriesgando a millones de personas”. António Guterres El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado el 9 de agosto confirma lo que ya sabíamos por otros estudios: el planeta está en alerta roja. Este informe demuestra que las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas son responsables de un calentamiento del planeta en un 1,1° C desde el periodo 1850-1900 hasta la actualidad y prevé que la temperatura mundial promediada durante los próximos 20 años alcanzará o superará un calentamiento de 1,5 º C. Indudablemente ya estamos viviendo varias de las manifestaciones del cambio climático: el incremento en la temperatura, la intensidad de las lluvias, los fenómenos atmosféricos extremos, el aumento en el nivel del mar, la pérdida de glaciares, la escasez de los recursos hídricos, el calentamiento y la acidificación de los océanos, entre otras. Todos los científicos del mundo dedicados a observar el clima coinciden en que el clima está cambiando en todos los rincones del planeta a un nivel nunca visto y algunos de esos cambios serán irreversibles por miles de años. Sin embargo también están de acuerdo en que “una reducción enérgica y duradera de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero pueden limitar la magnitud del cambio climático”. Esas reducciones pueden beneficiar rápidamente la calidad del aire, pero puede tomar entre 20 y 30 años hasta que las temperaturas de la Tierra se estabilicen. El documento incluye nuevas estimaciones sobre las probabilidades que existen de cruzar el nivel de los 1,5 grados de calentamiento en las próximas décadas y revela que, a menos que haya una inmediata reducción de los gases de efecto invernadero, limitar la subida de la temperatura media de la Tierra a esa barrera o incluso a la de los 2° C será imposible de alcanzar. Con un aumento de 1,5° C, habrá más olas de calor, las estaciones cálidas serán más largas y las frías más cortas. Y con un aumento de 2° C, los eventos extremos de calor serán más frecuentes y traerán consecuencias críticas para la salud y la agricultura. Los seres humanos influimos cada vez más en el clima y la temperatura de la Tierra con actividades de alto impacto negativo como la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la ganadería, entre otras. Por lo tanto tenemos la gran responsabilidad de actuar para mitigar las consecuencias del cambio climático. Tomar decisiones basadas en la evidencia científica es inaplazable y tratar la crisis como una crisis es necesario. Tenemos una oportunidad única para restablecer el camino de nuestro planeta hacia un futuro saludable y equitativo para todos. De acuerdo con los científicos, la solución se basa en reducir a la mitad las emisiones globales para 2030 y llegar a cero neto para 2050. La supervivencia de todo el planeta está en nuestras manos. Fuente: UN.org
Agua y cambio climático
El cambio climático afecta los ecosistemas, las sociedades y las economías, y es a través del agua que se viven sus mayores impactos: se reduce la calidad, cantidad y disponibilidad del agua, aumenta la frecuencia y la magnitud de los fenómenos meteorológicos como olas de calor, sequías prolongadas, lluvias y tormentas más fuertes, la biodiversidad está amenazada, la seguridad alimentaria está en riesgo, la salud humana es cada vez más vulnerable a las enfermedades, la desigualdad social crece, y se producen migraciones masivas y conflictos. Las consecuencias del cambio climático se producen fuertemente en las zonas tropicales, donde se halla la mayor parte de los países en vías de desarrollo que son más vulnerables a los desastres y a sus consecuencias medioambientales y socioeconómicas. La gestión del agua juega un papel muy importante en la mitigación del cambio climático. La restauración y protección de los humedales, la agricultura de conservación y otras soluciones basadas en la naturaleza pueden ayudar a secuestrar carbono en la biomasa y los suelos, mejorar el tratamiento de aguas residuales puede ayudar a reducir los gases de efecto invernadero, mientras proporciona biogás como fuente de energía renovable. Aumentar la eficiencia del uso del agua y reducir el uso innecesario representa un menor consumo de energía y por consiguiente menos emisiones de gases de efecto invernadero. Es prioritario hacer cambios sustanciales en la forma en que se gestiona, usa y reutiliza el agua para reducir tanto los impactos como los factores del cambio climático en nuestro planeta. Fuente: Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020.
15ᵃ Convocatoria Premio Nacional de Ecología Planeta Azul del Banco de Occidente
El Banco de Occidente invita a participar en la nueva Convocatoria del Premio Nacional de Ecología Planeta Azul 2021-2022, cuyo tema es Agua principio de vida. Desde su creación en 1993, el Premio Planeta Azul ha tenido como objetivo reconocer y exaltar programas, proyectos o acciones ambientales que muestren resultados concretos y que hayan logrado un avance sustancial hacia el conocimiento, protección, conservación y recuperación del Agua, enmarcados dentro de un concepto de desarrollo sostenible e impulsando la activa participación de la comunidad directamente involucrada en su desarrollo. En su 15ᵃ Convocatoria, el Premio incluye dos nuevas Categorías: Persona Natural y Periodistas, además de las Categorías General, Empresarial y Pequeñas y Medianas Empresas. La organización del Premio dispone de un total de $287.000.000 para entregar a los proyectos que resulten ganadores en las diferentes categorías. Las inscripciones estarán abiertas desde el 17 de agosto hasta el 30 de septiembre de 2021. Toda la información referente a cómo postular los proyectos y los requisitos, podrá consultarse en el siguiente enlace: https://comunidadplanetaazul.com/premio-planeta-azul/#como-postularse
¿Sabías que la Huella Hídrica es una herramienta que ayuda a consumir el agua responsablemente?
El agua dulce está disminuyendo significativamente en varias regiones del planeta y su disponibilidad está amenazada por los efectos del cambio climático, el aumento desmedido de la población mundial y la urbanización, entre otros. La Huella Hídrica es un indicador medioambiental del uso de agua dulce que nos permite tomar conciencia sobre el impacto que nuestro estilo de vida, los productos que consumimos y las formas de producción tienen sobre el agua. Además de mostrarnos el impacto que las actividades humanas tienen sobre los recursos de agua dulce, también facilita la toma de acciones para gestionar el agua de manera más equitativa, sostenible y eficiente. El consumo responsable de agua contribuye a disminuir la presión sobre los recursos hídricos y su consecuente escasez. Fuente: waterfootprint.org
Agua azul, verde y gris
La Huella Hídrica es un indicador medioambiental del uso de agua dulce que se refiere al uso directo e indirecto del agua. Sirve para cuantificar el volumen de agua dulce que se usa para producir bienes y servicios de una empresa o consumidos por un individuo o comunidad. Calcular la Huella Hídrica es importante para conocer el impacto ambiental que se genera por el uso del agua. Existen diferentes tipos de huella hídrica, en función de la fuente de la que proviene el agua. Huella Hídrica Azul. Es la cantidad de agua que procede de fuentes superficiales o subterráneas y que se utiliza para la producción de un producto o para la provisión de un servicio. Requiere intervención humana. Huella Hídrica Verde. Es el volumen de agua de lluvia que se almacena temporalmente en la parte superior del suelo o de la vegetación. Eventualmente se incorporará a un producto o se evaporará en el propio proceso. No requiere de la intervención humana. Huella Hídrica Gris. Es el volumen de agua contaminada que se asocia con la producción de los bienes y servicios y se calcula midiendo el volumen de agua requerida para diluir los contaminantes hasta que la calidad del agua esté sobre los estándares aceptables. Fuente: FundaciónAquae.org
Agua dulce y conservación de la vida silvestre
Los recursos de agua dulce son esenciales para la supervivencia de todas las especies en el planeta. Por lo tanto, conservar y restaurar los ecosistemas de agua dulce es fundamental para proteger la vida silvestre y asegurar el bienestar humano. Las especies de agua dulce y sus hábitats viven una alarmante crisis, desde 1970 se ha perdido o deteriorado el 30% de los ecosistemas de agua dulce en el mundo. Las poblaciones de especies de agua dulce han disminuido en promedio un 76%, entre 1970 y 2010. 27% del total de especies de agua dulce evaluadas por la Lista Roja de UICN a nivel mundial (29.500 especies), ha sido clasificado bajo alguna categoría de amenaza de extinción. Un grupo de científicos y expertos con el apoyo de la UICN y el World Wildlife Fund (WWF), han preparado el Plan de Emergencia para la Recuperación de la Biodiversidad de Agua Dulce, que propone una serie de soluciones para detener la pérdida de estas especies y ecosistemas. El Plan propone 6 acciones urgentes: Implementar caudales ecológicos para proteger y restaurar la biodiversidad, los ecosistemas acuáticos y los servicios ecosistémicos. Mejorar la calidad del agua para sostener la vida acuática. Proteger y restaurar hábitats críticos para la biodiversidad. Uso sostenible de recursos hidrobiológicos y minerales. Prevenir y controlar las especies exóticas invasoras. Proteger y restaurar la conectividad fluvial. Fuente: Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)
Día Internacional de la Vida Silvestre: Julio 4
La vida silvestre hace referencia a las especies animales y vegetales que viven en forma natural y libre dentro de ambientes terrestres, acuáticos y marinos y no tienen interacción regular con el hombre. Para crear conciencia sobre la importancia de preservar las especies silvestres imprescindibles para el equilibrio del planeta, el consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) declaró el 4 de julio como el Día Internacional de la Vida Silvestre. La vida silvestre nos provee servicios ambientales muy importantes como: la polinización, el equilibrio de los ecosistemas, la regulación del clima, la fertilidad del suelo, la captación y filtración de agua, entre otros. Sin embargo, hoy la vida silvestre está amenazada por la crisis climática, la destrucción, degradación y/o fragmentación del hábitat, la sobreexplotación de los recursos naturales, la caza, el tráfico ilegal de especies, las especies invasoras, la contaminación, y la deforestación, que provocan numerosos y graves problemas: Extinción de especies: muchas especies sufren cambios drásticos en su hábitat provocando su desaparición. Las tasas de extinción de especies han sido tan altas que se piensa que el planeta ha entrado en la sexta extinción masiva. Problemas de reproducción: las especies afectadas están expuestas a diversos cambios genéticos. Alteración en la cadena alimentaria: la alteración de las formas de vida de las especies afecta también la cadena alimentaria. Aumento de plagas: en los lugares en los que se han eliminado las formas de vida silvestre aumentan las plagas que estaban controladas de forma natural por los animales. Las fuentes de alimentos, medicinas, agua y otros medios de subsistencia de millones de personas están en riesgo con la rápida disminución de las especies animales y vegetales del mundo. La conservación de la vida silvestre es fundamental. Actuar para proteger las especies silvestres y su hábitat natural es necesario para mantener un planeta saludable y en equilibrio. Fuentes: ONU.org Lista Roja de UICN
¿Sabías que el cambio climático es una grave amenaza para la vida silvestre?
El cambio climático es una amenaza con repercusiones sin precedentes para todos los seres vivos, y los animales y vegetales silvestres no son la excepción. El cambio climático pondría en peligro la mitad de las especies de plantas y animales en las áreas con mayor biodiversidad del planeta. Al mismo tiempo que aumentan las temperaturas, aumenta el riesgo de extinción de gran variedad de especies silvestres. Algunas especies silvestres podrán adaptarse a las nuevas condiciones climáticas, pero otras no sobrevivirán y simplemente desaparecerán. Cada especie animal o vegetal tiene una función en el medio ambiente, por lo tanto, si desaparece una especie, puede influir en la supervivencia de otra, incluida la especie humana. Una de las principales consecuencias negativas que trae el cambio climático es el deshielo de los glaciares, por lo que las especies que viven en estas regiones están en grave riesgo de desaparecer. El deshielo provoca el aumento del nivel del mar, afectando los ecosistemas y especies propias de los océanos y las zonas costeras. Igualmente, las sequías en las zonas cálidas producen escasez de agua con sus consecuentes efectos negativos en la fauna y la flora de estas zonas. La pérdida de vida silvestre produce cambios en los ecosistemas que le prestan servicios vitales a millones de personas, con graves repercusiones económicas y sociales para el bienestar de los humanos y el futuro del planeta. Proteger la vida silvestre es tan importante como luchar contra el cambio climático. Fuente: ONU.org